Cuando usamos la
palabra “Espectro” nos referimos a una diversidad de conductas y habilidades que puede tener un niño diagnosticado con Trastorno de
Espectro Autista, que si analizamos bien muchos de nosotros o de nuestros familiares bien sea a nivel orgánico, emocional o
social puede, en cualquier etapa de su vida manifestar cambios, enfrentar dificultades,
deterioro o condiciones que requieran tratamientos médicos, terapias y desventajas
en ejecuciones de la vida diaria.
Al trabajar muy de cerca
en el área del autismo compartes con distintas familias que pasan por diversas
etapas, unas difíciles y otras que brindan una experiencia de vida increíble y
dejan marcas de aprendizaje inexplicables. Enfrentas la etapa de posible
negación, pasas a la aceptación, posteriormente viene la retroalimentación y el
conocimiento, búsqueda de información, pero la más hermosa se
evidencia cuando en la familia existe total aceptación y un trabajo en equipo
para descubrir sus habilidades y explotarlas hasta lograr que esta persona a
quien la acompaña un diagnóstico tenga éxito y futuro.
Casada desde muy joven con el mundo de la educación vivencie experiencias como enfrentar a unos padres que un día me comunicaron lo siguiente "En el salón de mi hijo hay un niño que tiene autismo quiero que me cambien al mío de sección, no sea que se le peguen sus conductas", yo solo escuche con atención a los señores y solo respondí "creo que se equivocaron no de salón si no de colegio y de mundo". A los pocos días los padres se acercaron a pedir disculpas y hoy en día agradecen el que su hijo pueda convivir en un mundo hecho para todos. Pues solo falta que todos entendamos
que formamos parte de un mismo mundo, que las personas diagnosticadas con alguna condición no son personas a quienes debemos
temer ni alejarnos, que debemos sentirnos orgullos de poder aprender de
sus fortalezas así como de sus debilidades, siempre y cuando entiendas lo más
importante TODO SOMOS ESPECIALES.


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